Transactivismo y Masoquismo: Por qué Judith Butler NO necesita ser esencialista
Más que la direccionalidad de la creación del yo (de afuera hacia dentro o de dentro hacia afuera), lo que disputa el transactivismo es la posibilidad de sanación del yo autodestructivo. Y no solamente eso, sino que además niega la deseabilidad de dicha corrección conductual (el paso de la autodestrucción a la autoaceptación) a través de la negación misma del problema: no habría nada que sanar. Presenta, pues, la tendencia autolesiva aprendida como un rasgo normal y deseable del carácter, y lo hace revalorizando el impulso autolesivo como la Sección Femenina revalorizaba los valores de la feminidad de los cuidados o como el artista revaloriza sus excrementos para venderlos a precio de oro. Revalorizar el excremento del artista, especular con NFT de monos o resignificar el malestar psíquico y “desproblematizarlo” o “despatologizarlo” viene a ser todo lo mismo. Por ello la direccionalidad de la creación del yo, autodestructivo o no, aunque importa, no agota la discusión.
Al contrario de lo que se suele pensar, la “teoría queer” no necesita recurrir directamente al esencialismo de género para desarrollar su defensa implícita de la aceptación radical del masoquismo. Está claro que si nos creamos a nosotros mismos de dentro hacia afuera, entonces estamos presuponiendo un ser anterior a la experiencia que nos permite sostener la noción de un sentir interno, o conciencia, ajeno a dicha experiencia. Es decir, desde el presupuesto de una conciencia a priorística explicamos, por ejemplo, la incoherencia dualista, dicotómica, entre “sexo cerebral” (en otros tiempos llamado “alma”) y “sexo gonadal” (“cuerpo”), el primero “el ser en estado puro” y el segundo una mera herramienta recepticia de aquel. Ahora bien, ¿es esta incoherencia posible desprendida del presupuesto a priorístico? Judith Butler mantendría que es posible.
Igual que un gatito puede ser adoptado por una gata de distinta familia que lo amamante como hijo propio, creyéndolo propio, alguien puede comportarse en el mundo como si algo que es falso fuese verdadero y en adelante todo funcionará como si lo fuese, a condición de que los demás también lo hayan creído verdadero. Si el portero de una discoteca te confunde con una celibrity, te dejará entrar sin pagar. Hasta ahí llega la operatoriedad de las creencias, y no es poco. El engaño funciona, no es ajeno a la realidad, forma parte de ella. Lo podemos saber porque tiene consecuencias. A ojos de Butler esto la libraría de argumentar desde el presupuesto a priorístico, y apuntaría que, en tanto que es operatorio, el engaño, la práctica del engaño, es causante de disonancias entre el ser y su conciencia. Si establecemos que la experiencia hace al ser y no a la inversa, ¿podemos concluir que una experiencia engañosa posiblemente dará lugar a un ser peculiar?
La condicionalidad de la performatividad es la condicionalidad del engaño y consiste en la sumisión conjunta al acto performativo: el gatito es amamantado porque es confundido con una cría propia y el portero te deja pasar porque cree que eres otra persona. Pero –esto es clave:– mientras que la sumisión al acto performativo afecta al futuro (por el tiempo que dure), no afecta al pasado (el pasado es, por definición, inmutable): ni el gato se convierte en una cría parida por la gata al ser amamantado llevando a cabo una regresión espacio-temporal y transmutativa, ni tú renaces reencarnada en la celibrity con quien te confundieron. Así, la respuesta a la pregunta de si podemos concluir que una experiencia engañosa posiblemente dará lugar a un ser peculiar es que sí, claro. Lo que no podrá ocurrir es que la experiencia engañosa tenga consecuencias en el pasado que precede al engaño. Aunque pueda darse el engaño, el gato adoptivo sigue siendo un gato adoptivo, tú no eres la persona con quien te confundieron y el sexo es cromosómico e inmutable desde la concepción.
No obstante, discutir acerca de esta cuestión es infructífero cuando topamos con una corriente filosófica que no se ocupa del origen. Para el transactivismo butleriano el proceso en el fondo es irrelevante, lo relevante es que ha habido tal proceso, que se ha dado y punto. Donde otros se preguntan si el individuo que se siente identificado con el sexo opuesto y que es capaz de llevar dicha asimilación hasta su última consecuencia lo hace como vía de escape del sexismo, en el caso de que sea una mujer, o a consecuencia de haber sufrido homofobia, o por cualquier otra razón, del transactivismo hoy obtendríamos por respuesta que conocer el origen no cambia nada o, directamente, que no se puede conocer. Disputa, como decíamos, la posibilidad y la deseabilidad misma de la mejoría psicológica por medio de la autoaceptación. Abraza la autodestrucción como punto de partida, no a consecuencia de un verdadero sopesamiento razonado de nada, y por eso es intelectualmente deshonesto y nace y muere de espaldas a la búsqueda del conocimiento.

