SOBRE ESTE BLOG


Vivimos en un mundo conectado, inestable y rápidamente cambiante. Al mismo tiempo, estamos cada vez más desconectados de nuestra materialidad, tenemos rutinas más sedentarias que nunca (lo cual es indicador de una cierta estabilidad) y contamos con aparatos que nos permiten adelantarnos (y, en su caso, adaptarnos) a posibles acontecimientos futuros. En este contexto, nuestras leyes se quedan atrás y yerran a la hora de aportar soluciones a las múltiples problemáticas que se nos presentan. Este blog es creado con la intención de abordar cuestiones de actualidad desde una perspectiva jurídica, aunque no exclusivamente, pues tiene pretensiones holísticas, es decir, integradoras de distintas ramas del conocimiento, como la filosofía, la ciencia y las ciencias sociales.

Una de las crisis más importantes que sufre el ser humano actualmente, y que, por cuanto afecta a la sociedad en su conjunto, incumbe también al derecho, es una crisis epistemológica oscurantista que dificulta el establecimiento de verdades universales. El más claro ejemplo de cómo afecta este negacionismo de lo universal en el derecho lo tendríamos en la relativización de los derechos humanos a la que asistimos frecuentemente: tanto el proxenetismo tradicional como el proxenetismo de la imagen (que se beneficia de la cosificación de la mujer en la red) o el proxenetismo del embarazo ("vientres de alquiler") parecen no entrar en contradicción con la dignidad humana de las mujeres a los ojos de empresarios y legisladores, y de poco sirve que diversos organismos internacionales monitoreen a los estados para hacer respetar este derecho, que es el más básico de todos y sobre el que se sustentan todos los demás. Lo mismo ocurre con las políticas antiinmigración: de un lado, tenemos que nadie puede ser discriminado por razón de su color de piel o de su origen y, de otro lado, las políticas antiinmigración que matan a millones de personas son perfectamente legales. Así, la misma legitimidad de la Declaración Universal de los Derechos Humanos queda en entredicho; mientras, la humanidad cae en un pozoñoso relativismo moral del que ni sabe ni quiere salir.

Otra de las manifestaciones de esta crisis epistemológica en el derecho la tenemos nada más y nada menos que en el seno del Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, propulsor de los Principios de Yogykarta. Elaborados a petición de L. Arbour, y con la participación de otros cuatro importantes abogados transgénero (apuntad sus nombres: M. Rothblatt, P. Frye, S. Whittle y C. Burns), los Principios de Yogykarta no son de obligado cumplimiento para los estados, pero están siendo citados como si lo fueran por ministros y ministras de distintos países, entre ellos por la actual Ministra de Igualdad de España, Irene Montero. En base a estos principios, el reconocimiento legal de la realidad sexuada de los seres humanos habría de ser reemplazado por la ficción de que cada cual es lo que dice ser, al amparo del supuesto 'derecho a la autodeterminación de género'. Para que nos hagamos una idea del disparate jurídico que esto supone, quizá sea conveniente indicar que la sustitución de la realidad objetivable del sexo por la subjetividad incontrastable del sentir humano en la ley borra, entre otras muchas cosas, el reconocimiento de la discriminación por sexo, imposibilitando, por tanto, la defensa del derecho a no ser discriminada por esta razón.

Este vídeo muestra muy bien cómo la ideología de género presenta soluciones individuales a problemas colectivos, comunes a las mujeres (tiene disponibles subtítulos en italiano, inglés y francés, por si resulta de ayuda): 

Ilustrativo es, además, que M. Rothblatt (uno de los más poderosos impulsores del transgenerismo, junto con la familia Pritzker) compare la estimación del sexo en la ley con el Apartheid de Sudáfrica en su libro El Apartheid del Sexo: Un Manifiesto sobre la Libertad de Género

Finalmente, y tal vez de manera aún más preocupante, esta crisis epistemológica toca también a la ontología del ser y a la propia definición de ser humano. ¿Qué es una persona? ¿Somos el conjunto mente-cuerpo? ¿Somos, acaso, solo nuestro sistema límbico? Estas preguntas filosóficas son hoy más relevantes de lo que jamás lo habían sido, y responderlas se tornará imprescindible más pronto que tarde, pues estamos a las puertas de una nueva era, una era en la que el ser humano se fusiona con la tecnología. Estamos a las puertas de La Era Transhumanista. El derecho va a tener que encargarse de recoger la definición de ser humano y de legislar sobre algo tan surrealista como la intención de un hombre de gestar en una bolsa un feto creado exclusivamente a partir de su propio material genético (para visionar un vídeo sobre esto, pulsad aquí), el derecho a implantarse chips a voluntad que le permitan a uno detectar terremotos o tener una memoria sobrehumana (como dice Elon Musk en esta entrevista), o el deseo de inmortalidad

Neil Harbisson, músico y artista, es el primer hombre reconocido legalmente como cíborg. Su "superpoder" es escuchar el color, algo bastante inocuo para él y para el resto. Ahora bien, estos avances tecnológicos, como todos, deberían de estar delimitados por la ética y la moral. El reconocimiento de los "derechos cíborg" que reivindican ya algunos activistas transhumanistas, sin una determinada sujeción legal en favor del bien común, podría dar pie al nacimiento de una élite renovada que se perpetuaría muy por encima del resto de la sociedad de una manera distópica, no solo económicamente sino también a nivel cognitivo, gracias al nacimiento de estas nuevas libertades individuales en el marco de un sistema hipercapitalista.

Frente a estas derivas contrarias al interés común, que son respaldadas y promocionadas por organizaciones y fundaciones millonarias como la Soros Foundation (incluso llevando a cabo un rastreo de la disidencia y prácticas de censura)  con claros intereses en estos asuntos, hemos de oponer resistencia, se han de trazar límites claros a las fantasías de película de superhéroes que buena parte de la élite mundial quiere hacer realidad. Lo que pasa es que, antes, es todavía más importante advertir de los peligros expuestos, puesto que no hay una gran conciencia de ellos ni siquiera en el ámbito académico. En última instancia, es por esto por lo que se abre este blog.

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